Puerta del Sol: El kilómetro cero de las historias de España
Si te paras justo en el centro de Madrid, en la Puerta del Sol, no solo estás en el corazón de una ciudad, sino en el escenario donde España ha ensayado su historia durante siglos. Hoy la vemos como una gran plaza peatonal, pero para entenderla hay que «rascar» un poco bajo sus piedras y viajar en el tiempo.
¿Por qué se llama así si no hay ninguna puerta?
Todo empezó en el siglo XV. Por aquel entonces, Madrid estaba rodeada por una cerca para proteger los arrabales que crecían fuera de la muralla. Una de esas puertas de acceso estaba orientada hacia el levante, hacia donde sale el sol. Para decorar la entrada, se colocó un sol radiante, y aunque la puerta desapareció hace siglos, el nombre se quedó grabado para siempre en la memoria de los madrileños.
En esa época, la plaza no era el espacio abierto que conocemos. Estaba rodeada de edificios imponentes como la iglesia del Buen Suceso o el convento de San Felipe el Real. En las gradas de este último se encontraba el «mentidero» más famoso de la Villa: un lugar donde la gente se reunía para intercambiar noticias, rumores y chismes en una época donde no existían las redes sociales.
El reloj que une a un país
El edificio más antiguo que hoy sobrevive es la Real Casa de Correos, construida en el siglo XVIII. Ha sido de todo: sede de correos, Ministerio de la Gobernación y hoy es la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero lo que todo el mundo mira es su torre.
El famoso reloj no estuvo ahí siempre. Fue una donación de José Rodríguez de Losada en el siglo XIX. Desde 1962, este reloj es el protagonista absoluto de cada Nochevieja. Como dato curioso, en la entrada del año 2019, el reloj hizo algo histórico: tras las doce campanadas habituales, retrasó sus agujas una hora para dar las campanadas también al ritmo de las Islas Canarias, uniendo por primera vez a todo el país en un mismo gesto.
Símbolos, neones y tecnología invisible
Pasear por la Puerta del Sol es encontrarse con iconos que todos reconocemos, aunque a veces no sepamos su historia:
• El Oso y el Madroño: Es el punto de encuentro favorito. Aunque parezca que siempre estuvo allí, se instaló en 1967 y ha cambiado de ubicación dentro de la misma plaza un par de veces.
• Carlos III y las palomas: La gran estatua ecuestre del «mejor alcalde de Madrid» tiene un secreto tecnológico. Para evitar que las palomas dañen el monumento, cuenta con un dispositivo electrónico invisible que las mantiene alejadas del monarca.
• El cartel de Tío Pepe: Es el último superviviente de una época en la que los neones dominaban los cielos de la plaza. Fue retirado por unos años, pero la presión popular y su valor sentimental hicieron que volviera a brillar en una azotea cercana.
• Kilómetro Cero: Esa placa en el suelo frente a Correos marca el origen de las carreteras radiales de España. Es, literalmente, el punto desde donde todo empieza.
Un subsuelo lleno de sorpresas
Si bajamos al metro, entramos en una de las estaciones más grandes y modernas del mundo. Pero durante su construcción, el pasado salió al encuentro de las excavadoras: aparecieron los restos de los cimientos de la antigua iglesia del Buen Suceso, un recordatorio de que bajo el asfalto moderno sigue latiendo el Madrid antiguo.
Testigo de la vida social y política
La Puerta del Sol ha visto de todo. Desde los cuadros de Goya que retrataron la lucha contra Napoleón en 1808, hasta ser el escenario de la primera película sonora del cine español en 1929. Más recientemente, en 2011, se convirtió en el epicentro del Movimiento 15M, demostrando que sigue siendo el lugar donde la sociedad española sale a expresarse.
Incluso ha sobrevivido a modas estéticas extrañas. En los años 80, se instalaron unas farolas modernas que los ciudadanos, con el humor que los caracteriza, bautizaron como los «supositorios». Fueron tan polémicas que acabaron siendo sustituidas por las actuales de estilo clásico.
El sabor que no cambia
Para terminar el recorrido, nada como el aroma de La Mallorquina. Esta pastelería centenaria ha visto pasar el siglo XIX, el XX y lo que llevamos del XXI, ofreciendo sus dulces mientras el mundo exterior no paraba de cambiar.
La Puerta del Sol es, en definitiva, como un libro de historia abierto al aire libre. Un lugar donde puedes pisar el centro del país, comer un dulce tradicional y, si te fijas bien, escuchar el eco de los antiguos mentideros entre el bullicio de los turistas y los madrileños.
Otros lugares curiosos
• La Mariblanca: En la plaza puedes encontrar una pequeña estatua que es una réplica de una escultura muy antigua y querida. En su día, la original adornaba una fuente que ya no existe y se convirtió en un símbolo tan popular para los madrileños que se decidió colocar esta reproducción para mantener vivo su recuerdo.
• Los «puertasolinos»: Hubo una época en la que la plaza estaba tan llena de vendedores ambulantes, buscavidas y gente haciendo negocios de todo tipo que se inventó un apodo especial para ellos. Se les llamaba así, usando el nombre de la propia plaza, porque prácticamente vivían allí.
• Un lienzo en plena calle: Es posible que si pasas por allí en un día soleado te encuentres con uno de los pintores más importantes de nuestro tiempo trabajando en sus cuadros. Este artista ha pasado largas jornadas veraniegas plantando su caballete entre la multitud para captar la luz exacta de la plaza.
• El primer gran almacén: Mucho antes de que existieran los centros comerciales actuales, uno de los edificios de la plaza albergó un bazar que fue pionero en vender todo tipo de objetos a precios fijos, sentando las bases de la forma en que compramos hoy en día.
• La medida de la altitud: Existe una marca técnica que indica la elevación exacta de la plaza. Para calcularla, se tomó como referencia el nivel medio del mar de una ciudad costera del Mediterráneo, convirtiendo a la plaza en un punto de referencia geográfico.
• El «iglú» de cristal: La entrada principal a los trenes subterráneos tiene una forma curva muy llamativa que rompe con la arquitectura clásica de los alrededores. Debido a su aspecto circular y transparente, los ciudadanos empezaron a llamarla cariñosamente como esa vivienda de hielo típica de zonas frías.
• Paraguas con solera: Todavía resiste un comercio muy antiguo y tradicional que se especializa en la venta de abanicos y paraguas. Es uno de los pocos negocios que ha logrado conservar el encanto de los siglos pasados frente al avance de las grandes cadenas modernas.
• Escenario de cine de terror: Además de las películas clásicas, la plaza ha sido el lugar de rodaje de escenas muy tensas de una famosa película de terror donde los personajes buscaban una presencia maligna en pleno centro de la ciudad.
• Una apuesta en bicicleta: Hace algún tiempo, tras la inauguración de unas fuentes, un hombre anónimo decidió dar una cantidad asombrosa de vueltas a la plaza en su bicicleta simplemente por el hecho de haber ganado una apuesta.
• Un suceso trágico: En una de las esquinas que dan a la plaza ocurrió un hecho que cambió la historia política del país, cuando un importante jefe de gobierno fue atacado mientras se encontraba frente al escaparate de una librería.
La Puerta del Sol es como una cebolla con muchas capas; aunque quitemos los edificios que ya no están, cada rincón guarda el eco de un vendedor, un artista o un suceso que ha ido dando forma a lo que hoy pisamos.

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