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  • Palacio Real

    Palacio Real

    El Coloso del Oeste y sus Reyes a Pie de Tierra

    El Palacio Real de Madrid se erige como un titán de piedra y arte en el horizonte de la capital española.

    Considerado el palacio más extenso de la Europa Occidental, esta majestuosa construcción barroca no sirve hoy como vivienda habitual de la familia real, sino como el escenario principal para las ceremonias de Estado y los actos de mayor solemnidad del reino. Su presencia domina el paisaje, recordando el esplendor de las dinastías que han moldeado la historia del país.

    El origen de este edificio está marcado por una transformación radical nacida de la tragedia. Antes de la estructura actual, el solar estaba ocupado por una fortaleza medieval que sucumbió ante un incendio devastador durante una festividad navideña de tiempos pasados. Este suceso fue visto por la monarquía de aquel entonces como la oportunidad perfecta para levantar un palacio que reflejara los gustos refinados de la nueva época, sustituyendo la piedra austera por una arquitectura más luminosa y moderna, inspirada en las grandes cortes europeas.

    Un detalle que siempre despierta el asombro de los visitantes es la curiosa contradicción que encierra su nombre popular. Aunque oficialmente es el Palacio Real, muchos lo conocen como el Palacio de Oriente. Lo irónico de esta denominación es que el palacio se encuentra situado en el extremo más occidental de la ciudad vieja de Madrid. Este apodo no responde a su propia ubicación geográfica, sino a la plaza que se extiende frente a su fachada, la cual sí está orientada hacia el este respecto al edificio. Así, el palacio toma prestado el nombre de su vecino para confundir, casi poéticamente, a quienes intentan orientarse en la capital.

    Otra de las historias más singulares y visibles del palacio tiene que ver con la multitud de estatuas de antiguos monarcas que adornan sus alrededores. El plan decorativo inicial era mucho más ambicioso y elevado: estas figuras de piedra caliza estaban diseñadas para coronar la balaustrada superior, formando una hilera de reyes que vigilarían la ciudad desde lo más alto del edificio. Sin embargo, un cambio en la sensibilidad estética o, según cuentan las crónicas, el temor a que el enorme peso de tantas esculturas pusiera en riesgo la estabilidad de la techumbre, llevó a que fueran retiradas de las alturas. Como resultado, estos reyes que debían habitar el cielo del palacio terminaron repartidos por los jardines y plazas circundantes, permitiendo que hoy en día los ciudadanos puedan caminar a la misma altura que los antiguos soberanos.

    Más allá de sus muros, los jardines también guardan memorias curiosas, como el Campo del Moro. Este parque debe su nombre a un episodio de hace muchos siglos, cuando tropas de otras tierras acamparon en esa misma ladera en un intento por recuperar la plaza de Madrid. Hoy, lejos de los tambores de guerra, es un remanso de paz donde la naturaleza acompaña la grandiosidad de la piedra.

    En su interior, el palacio es un cofre de tesoros incalculables. Desde estancias revestidas por completo en porcelana que parecen sacadas de un cuento oriental, hasta una de las colecciones de instrumentos musicales más importantes del planeta, donde violines y violonchelos de maderas nobles conservan un sonido único. Cada salón, desde el del Trono hasta el de las Columnas, es un testimonio del trabajo de los mejores artistas y artesanos que, a través de frescos, relojes y tapices, convirtieron este edificio en una obra de arte total que sigue latiendo en el corazón de la historia.

    Entender la disposición de las estatuas del Palacio Real es como imaginar un banquete donde, en el último momento, se decide que los invitados de honor, en lugar de sentarse en la mesa principal sobre el estrado, deben mezclarse con la gente en el salón de baile; la fiesta sigue siendo igual de elegante, pero la cercanía cambia por completo la perspectiva del encuentro.

  • Puerta de Alcalá

    Puerta de Alcalá

    La Puerta de Alcalá: Un viaje entre la gloria neoclásica y las cicatrices del tiempo

    La Puerta de Alcalá no es solo un monumento; es un testigo mudo que ha visto a Madrid transformarse de una villa amurallada a una metrópoli vibrante. Situada en la actual Plaza de la Independencia, este icono fue en su origen una de las varias puertas reales que permitían el acceso a la ciudad, específicamente para quienes llegaban desde Alcalá de Henares, Aragón o Francia. Sin embargo, lo que hoy admiramos no es la estructura original, sino un ambicioso proyecto de la Ilustración.

    El capricho de un rey y un diseño único

    El contexto histórico de su construcción nos lleva a la llegada de Carlos Tercero a Madrid. El monarca, que venía de Nápoles, entró en la ciudad por la antigua puerta del siglo dieciséis y quedó profundamente disgustado por su aspecto modesto. Decidido a embellecer la capital, ordenó su demolición y convocó un concurso donde compitieron grandes arquitectos como Ventura Rodríguez. Finalmente, el elegido fue el italiano Francesco Sabatini.

    Uno de los sucesos más curiosos de su edificación es la razón por la que sus dos fachadas son diferentes. Se cuenta que Sabatini presentó varios diseños al rey y este, por error o indecisión, aprobó dos proyectos distintos. El arquitecto, en un alarde de ingenio, decidió fusionarlos: una cara de la puerta presenta columnas adosadas, mientras que la otra luce pilastras más sencillas. Esto convierte a la puerta en un monumento singular que ofrece una experiencia distinta según el lado desde el que se mire.

    Símbolos, niños y una trompeta perdida

    Si observamos con detenimiento la decoración, descubriremos detalles fascinantes. En la parte superior, encontramos las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza. Lo curioso es que, rompiendo con la tradición de representarlas como mujeres adultas, Sabatini eligió figuras de niños. Además, los mascarones de los arcos también juegan con la dualidad del monumento: en la fachada que mira al exterior vemos cabezas de sátiros, símbolos de fertilidad y naturaleza, mientras que en la interior aparecen leones, que representan la soberanía y la vigilancia de la paz.

    Otro detalle que suele pasar desapercibido es el escudo real que corona el ático. Está sostenido por una figura de la Fama, la cual tradicionalmente debería portar una trompeta para anunciar las hazañas del rey. Sin embargo, la trompeta no está; no se sabe con certeza si desapareció con el tiempo o si nunca llegó a formar parte del conjunto final.

    Cicatrices de guerra y ovejas por la ciudad

    La Puerta de Alcalá ha sido escenario de sucesos dramáticos. Sus piedras aún conservan los impactos de proyectiles de diversos conflictos, como la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en el siglo diecinueve o los combates durante la Guerra Civil española. Incluso fue testigo del asesinato del presidente del Consejo de Ministros, Eduardo Dato, en sus inmediaciones a principios del siglo veinte.

    Pero no todo ha sido conflicto. Durante siglos, este monumento fue un punto clave de la Cañada Real Galiana. Por sus arcos pasaban anualmente rebaños de ovejas trashumantes, una tradición que todavía se recuerda con mojones que marcan su categoría de vía pecuaria.

    De plaza de toros a icono pop

    Un dato que muchos madrileños olvidan es que, durante más de cien años, justo frente a la puerta existió una plaza de toros. Era un edificio imponente que marcaba la vida social de la zona hasta que fue demolido para dar paso al crecimiento del barrio de Salamanca.

    En tiempos más recientes, la puerta ha sabido renovarse. En el año dos mil uno, fue cubierta por completo con decenas de miles de libros en una instalación artística, y quién no ha tarareado la famosa canción de los años ochenta que narra cómo la puerta «ve pasar el tiempo». Hoy, reconocida como Patrimonio de la Humanidad dentro del Paisaje de la Luz, la Puerta de Alcalá sigue allí, imperturbable, recordándonos que la historia no solo se lee en los libros, sino que también se siente al acariciar el granito y la piedra blanca de sus muros.

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    Para entender la Puerta de Alcalá, podemos imaginarla como un viejo centinela que, tras ser vestido con sus mejores galas por un rey exigente, decidió guardar en sus bolsillos de piedra todas las balas, versos y pasos de ganado que han cruzado su umbral a lo largo de los siglos.

  • Catedral de la Almudena

    Catedral de la Almudena

    Los secretos y curiosidades de la Catedral de la Almudena: un viaje entre leyendas y colores

    Si paseas por el corazón de Madrid, es imposible que pase desapercibida la imponente silueta de la Catedral de la Almudena. Pero lo que muchos no saben es que este templo es un auténtico rebelde de la arquitectura religiosa. Mientras que la gran mayoría de las iglesias cristianas miran de este a oeste para recibir la luz del sol, la nuestra decidió romper las reglas y orientarse de norte a sur. Este giro no fue un capricho al azar, sino el deseo de que su fachada principal estuviera en perfecta sintonía y frente al Palacio Real, formando un conjunto monumental único que abraza la plaza de la Armería.

    El nombre de la catedral ya nos da una pista de su pasado remoto, pues proviene de una palabra árabe que significa «ciudadela». De hecho, se levanta muy cerca de donde estuvo una antigua mezquita y la primitiva iglesia de la ciudad. Existe una leyenda preciosa que cuenta que, cuando el rey Alfonso conquistó la villa hace siglos, se obsesionó con encontrar una imagen de la Virgen que había sido escondida en los muros para protegerla durante tiempos de conflicto. Tras mucha oración, una sección de las murallas se derrumbó milagrosamente y dejó a la vista la figura. Lo más sorprendente de la historia es que la imagen todavía conservaba encendidas las velas con las que fue sepultada tiempo atrás.

    Si decides bajar a las profundidades del templo, te encontrarás con una cripta que parece sacada de un cuento de otra época. Lo más fascinante es caminar entre su bosque de columnas, ya que no hay dos iguales; cada capitel tiene un diseño diferente que evoca pasajes bíblicos o elementos de la naturaleza. Si te fijas bien en los detalles tallados en piedra, podrás encontrar la figura del oso y el madroño, el gran símbolo que representa a todos los madrileños. Además, las lámparas que iluminan el lugar no son adornos cualquiera, sino que están inspiradas en un tesoro visigodo hallado hace mucho tiempo en tierras toledanas.

    Al subir de nuevo y entrar en la nave principal, el contraste te dejará sin palabras. Aunque por fuera tiene un aire clásico para no desentonar con el palacio vecino, por dentro es una explosión de luz de estilo gótico moderno. El techo es una maravilla decorada con motivos geométricos y colores vibrantes que recuerdan a los antiguos artesonados de influencia árabe, utilizando láminas de oro para captar la luz. Pero la joya de la corona son las pinturas del ábside, que mezclan la tradición de los iconos antiguos con un estilo contemporáneo muy llamativo. Estas pinturas están acompañadas de vidrieras que bañan el altar con luces de muchos colores y que contienen la palabra de Dios escrita en varios idiomas antiguos y modernos.

    Incluso sus torres y puertas tienen historias que contar. Las puertas de bronce son como un libro abierto que narra desde el hallazgo de la Virgen hasta momentos importantes de la historia reciente de la ciudad y su monarquía. A la torre de la derecha se la conoce cariñosamente como la de los Gallegos, porque fueron personas de Galicia quienes donaron sus campanas, bautizándolas con nombres muy vinculados a la devoción popular madrileña. Todo este majestuoso edificio fue el gran sueño de la reina María de las Mercedes, quien impulsó las obras con tanto cariño que pidió que su descanso final fuera allí mismo, a los pies de su amada Virgen, un deseo que se cumplió hace algunos años cuando sus restos fueron trasladados desde el monasterio de El Escorial.

    Visitar esta catedral es como observar un gran mosaico donde cada pieza, desde la piedra portuguesa hasta el granito de las canteras madrileñas, cuenta un pedazo de la historia de España. Es un lugar donde el tiempo parece detenerse para mezclar leyendas medievales, bodas reales y el arte de nuestros días en un solo espacio.

    Imagina la catedral como un anciano con alma de niño: por fuera viste con la sobriedad y elegancia de los siglos pasados, pero al abrir su corazón, revela un interior lleno de colores vivos y una energía moderna que sorprende a todo el que la visita.

    Más allá de la piedra: los habitantes eternos y rincones mágicos de la Almudena

    Si la fachada y el colorido interior de la Catedral de la Almudena ya te han cautivado, prepárate para sumergirte en sus historias más personales y en esos detalles que suelen pasar desapercibidos a simple vista. Este templo no es solo un hito arquitectónico, sino también un gran mausoleo donde descansan figuras que marcaron la historia y la fisonomía de Madrid.

    Los que descansan bajo sus bóvedas

    Uno de los mayores atractivos de la catedral es su función como lugar de descanso eterno. La protagonista indiscutible es la reina María de las Mercedes de Orleans. Su historia es de las más románticas y tristes de la realeza: fue la gran impulsora del templo por su devoción a la Virgen, pero falleció siendo muy joven. Aunque inicialmente sus restos estuvieron en el Monasterio de El Escorial, su última voluntad era estar cerca de su amada Virgen de la Almudena. Hace algunos años, ese deseo se cumplió y ahora descansa en una hermosa sepultura justo a los pies del altar de la patrona.

    Pero la reina no está sola. En la cripta, ese bosque de columnas que mencionamos anteriormente, se encuentran enterradas personalidades muy diversas. Allí descansan los arquitectos que dieron vida al edificio, como el Marqués de Cubas, que ideó el primer proyecto, y Enrique María Repullés, quien terminó la cripta. Es un bonito homenaje que los propios creadores formen parte para siempre de los cimientos de su obra.

    Además, en las numerosas capillas laterales de la cripta, se encuentran sepulcros de la aristocracia y figuras relevantes, como varios Príncipes de Baviera y miembros de familias nobles como los Marqueses de Urquijo. También allí reposan los restos de Carmen Franco y su esposo, el Marqués de Villaverde, así como de importantes figuras eclesiásticas, entre ellos el Cardenal Ángel Suquía. Caminar por allí es como leer una lista de invitados de honor de la historia de la ciudad.

    Curiosidades entre sus muros y cimientos

    ¿Sabías que la catedral es un auténtico «puzle» de rocas de toda la Península? Para darle ese aspecto tan característico, se trajeron materiales de muchos lugares. Las piedras con tonos blancos y vetas rosadas vienen de Portugal, mientras que otras de color crema llegaron desde tierras alicantinas. Por supuesto, el granito madrileño de la sierra no podía faltar, dándole esa solidez tan castellana a la fachada principal.

    Otro dato fascinante es lo que hay justo debajo de donde pisas. Excavaciones recientes han revelado que la catedral se asienta sobre un terreno con mucha historia: allí estuvo la antigua judería de Madrid, además de la mezquita original y la iglesia medieval que mencionamos antes. Es un lugar donde las tres culturas que formaron la ciudad parecen abrazarse bajo el suelo.

    Si miras hacia arriba, la cúpula te guarda un secreto: ¡es doble! Por fuera tiene un aire barroco con una cubierta de pizarra oscura y está custodiada por una docena de estatuas de los apóstoles que vigilan Madrid desde las alturas. Pero por dentro, se transforma en una estructura gótica llena de simbolismo, donde las pinturas representan los elementos de la naturaleza: la tierra, el mar, el fuego y el aire.

    Arte que cuenta historias

    No podemos olvidar sus puertas de bronce, que son como las páginas de un libro de metal. En ellas puedes ver escenas de la Reconquista, pero también momentos mucho más modernos, como la consagración del templo por el Papa o incluso la famosa procesión de la Virgen que recorre las calles cada noviembre. En estas puertas aparecen retratados personajes contemporáneos, lo que le da un toque muy cercano y actual.

    Y para los amantes de la música, el órgano es una pieza de otro planeta. Es un instrumento inmenso, con miles de tubos de estaño, cuyo diseño exterior se inspira en los antiguos retablos góticos pero con un toque moderno que encaja perfectamente con el espíritu del templo.

    En definitiva, la Catedral de la Almudena es como un gran libro de familia de la ciudad de Madrid: en sus páginas encuentras desde leyendas de reyes antiguos hasta los nombres de quienes la construyeron, todo envuelto en un diseño que, aunque parece mirar al pasado, tiene un pie puesto firmemente en el presente.

  • Templo de Debod

    Templo de Debod

    ¿Te imaginas caminar por el centro de Madrid y, de repente, encontrarte frente a un auténtico templo del Antiguo Egipto? No es un decorado de cine ni una recreación moderna. Es el Templo de Debod, un regalo milenario que viajó miles de kilómetros para salvarse de las aguas del Nilo y que hoy es uno de los rincones más mágicos de la capital española.

    Un viaje de supervivencia

    La historia de cómo este templo llegó a España parece sacada de una película de aventuras. En los años sesenta, la construcción de la gran presa de Asuán en Egipto puso en peligro muchísimos monumentos antiguos que iban a quedar sumergidos para siempre. Ante esta emergencia, la UNESCO lanzó un grito de auxilio al mundo. España respondió a la llamada ayudando a salvar los famosos templos de Abu Simbel y, como muestra de gratitud, el gobierno egipcio donó el Templo de Debod a nuestro país.

    Pero traer un edificio de piedra de más de dos mil años no fue tarea fácil. El templo fue desmontado piedra a piedra en Nubia, cargado en barcos hasta Valencia y luego transportado en camiones hasta Madrid. Imagina el rompecabezas: los arqueólogos se encontraron con más de dos mil bloques de piedra y, para colmo, muchas de las marcas que debían indicar dónde iba cada pieza se habían borrado o perdido. Fue un trabajo de titanes reconstruirlo en su ubicación actual, el solar donde antiguamente estaba el Cuartel de la Montaña.

    Entre reyes nubios y emperadores romanos

    El Templo de Debod tiene una antigüedad asombrosa de unos dos mil doscientos años. Su núcleo original fue construido por el rey nubio Adijalamani de Meroe, quien lo dedicó a los dioses Amón de Debod e Isis. Con el tiempo, otros gobernantes quisieron dejar su huella. Los faraones de la dinastía ptolemaica lo ampliaron y, más tarde, tras la conquista de Egipto por parte de Roma, los mismísimos emperadores Augusto y Tiberio se encargaron de terminar su decoración.

    Es fascinante pensar que por sus pasillos pasaron desde sacerdotes nubios hasta soldados romanos. El edificio servía para rituales sagrados, especialmente las ceremonias solares que se celebraban en su terraza durante el Año Nuevo egipcio, buscando la unión espiritual con el dios Ra.

    Cosas curiosas que te sorprenderán

    Si te fijas bien en sus muros, verás que el templo está lleno de mensajes del pasado. A lo largo de los siglos, antes de ser trasladado, el edificio fue visitado por peregrinos, nómadas e incluso cristianos que dejaron grafitis grabados en la piedra. Hay dibujos de dromedarios, barcas de remos y cruces coptas que nos cuentan quiénes pasaron por allí cuando el templo ya no se usaba para el culto egipcio.

    Otra curiosidad es la sala llamada Mammisi, que en idioma copto significa «lugar de nacimiento». Se cree que en esta estancia se celebraba el misterio del nacimiento divino, aunque los investigadores todavía debaten su uso exacto. Además, el templo esconde pequeñas criptas que servían como «laboratorios» para perfumes o tesoros donde se guardaban las estatuas de los dioses.

    Un atardecer eterno

    Hoy en día, el Templo de Debod está orientado de este a oeste, respetando la misma disposición que tenía a orillas del Nilo. Para recordar su origen fluvial, se construyó un estanque a su alrededor que, al atardecer, crea un espejo perfecto donde se refleja la piedra milenaria.

    Aunque el clima de Madrid y la contaminación han sido un reto para su conservación, este pedazo de Nubia sigue en pie, recordándonos una época de faraones y dioses. Es, sin duda, el mejor lugar de la ciudad para ver cómo el sol se esconde mientras las piedras de Debod se tiñen de dorado, conectando el cielo de Madrid con los misterios del Antiguo Egipto.

  • Puerta del Sol

    Puerta del Sol

    Puerta del Sol: El kilómetro cero de las historias de España

    Si te paras justo en el centro de Madrid, en la Puerta del Sol, no solo estás en el corazón de una ciudad, sino en el escenario donde España ha ensayado su historia durante siglos. Hoy la vemos como una gran plaza peatonal, pero para entenderla hay que «rascar» un poco bajo sus piedras y viajar en el tiempo.

    ¿Por qué se llama así si no hay ninguna puerta?

    Todo empezó en el siglo XV. Por aquel entonces, Madrid estaba rodeada por una cerca para proteger los arrabales que crecían fuera de la muralla. Una de esas puertas de acceso estaba orientada hacia el levante, hacia donde sale el sol. Para decorar la entrada, se colocó un sol radiante, y aunque la puerta desapareció hace siglos, el nombre se quedó grabado para siempre en la memoria de los madrileños.

    En esa época, la plaza no era el espacio abierto que conocemos. Estaba rodeada de edificios imponentes como la iglesia del Buen Suceso o el convento de San Felipe el Real. En las gradas de este último se encontraba el «mentidero» más famoso de la Villa: un lugar donde la gente se reunía para intercambiar noticias, rumores y chismes en una época donde no existían las redes sociales.

    El reloj que une a un país

    El edificio más antiguo que hoy sobrevive es la Real Casa de Correos, construida en el siglo XVIII. Ha sido de todo: sede de correos, Ministerio de la Gobernación y hoy es la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Pero lo que todo el mundo mira es su torre.

    El famoso reloj no estuvo ahí siempre. Fue una donación de José Rodríguez de Losada en el siglo XIX. Desde 1962, este reloj es el protagonista absoluto de cada Nochevieja. Como dato curioso, en la entrada del año 2019, el reloj hizo algo histórico: tras las doce campanadas habituales, retrasó sus agujas una hora para dar las campanadas también al ritmo de las Islas Canarias, uniendo por primera vez a todo el país en un mismo gesto.

    Símbolos, neones y tecnología invisible

    Pasear por la Puerta del Sol es encontrarse con iconos que todos reconocemos, aunque a veces no sepamos su historia:

    • El Oso y el Madroño: Es el punto de encuentro favorito. Aunque parezca que siempre estuvo allí, se instaló en 1967 y ha cambiado de ubicación dentro de la misma plaza un par de veces.

    • Carlos III y las palomas: La gran estatua ecuestre del «mejor alcalde de Madrid» tiene un secreto tecnológico. Para evitar que las palomas dañen el monumento, cuenta con un dispositivo electrónico invisible que las mantiene alejadas del monarca.

    • El cartel de Tío Pepe: Es el último superviviente de una época en la que los neones dominaban los cielos de la plaza. Fue retirado por unos años, pero la presión popular y su valor sentimental hicieron que volviera a brillar en una azotea cercana.

    • Kilómetro Cero: Esa placa en el suelo frente a Correos marca el origen de las carreteras radiales de España. Es, literalmente, el punto desde donde todo empieza.

    Un subsuelo lleno de sorpresas

    Si bajamos al metro, entramos en una de las estaciones más grandes y modernas del mundo. Pero durante su construcción, el pasado salió al encuentro de las excavadoras: aparecieron los restos de los cimientos de la antigua iglesia del Buen Suceso, un recordatorio de que bajo el asfalto moderno sigue latiendo el Madrid antiguo.

    Testigo de la vida social y política

    La Puerta del Sol ha visto de todo. Desde los cuadros de Goya que retrataron la lucha contra Napoleón en 1808, hasta ser el escenario de la primera película sonora del cine español en 1929. Más recientemente, en 2011, se convirtió en el epicentro del Movimiento 15M, demostrando que sigue siendo el lugar donde la sociedad española sale a expresarse.

    Incluso ha sobrevivido a modas estéticas extrañas. En los años 80, se instalaron unas farolas modernas que los ciudadanos, con el humor que los caracteriza, bautizaron como los «supositorios». Fueron tan polémicas que acabaron siendo sustituidas por las actuales de estilo clásico.

    El sabor que no cambia

    Para terminar el recorrido, nada como el aroma de La Mallorquina. Esta pastelería centenaria ha visto pasar el siglo XIX, el XX y lo que llevamos del XXI, ofreciendo sus dulces mientras el mundo exterior no paraba de cambiar.

    La Puerta del Sol es, en definitiva, como un libro de historia abierto al aire libre. Un lugar donde puedes pisar el centro del país, comer un dulce tradicional y, si te fijas bien, escuchar el eco de los antiguos mentideros entre el bullicio de los turistas y los madrileños.

    Otros lugares curiosos

    La Mariblanca: En la plaza puedes encontrar una pequeña estatua que es una réplica de una escultura muy antigua y querida. En su día, la original adornaba una fuente que ya no existe y se convirtió en un símbolo tan popular para los madrileños que se decidió colocar esta reproducción para mantener vivo su recuerdo.

    Los «puertasolinos»: Hubo una época en la que la plaza estaba tan llena de vendedores ambulantes, buscavidas y gente haciendo negocios de todo tipo que se inventó un apodo especial para ellos. Se les llamaba así, usando el nombre de la propia plaza, porque prácticamente vivían allí.

    Un lienzo en plena calle: Es posible que si pasas por allí en un día soleado te encuentres con uno de los pintores más importantes de nuestro tiempo trabajando en sus cuadros. Este artista ha pasado largas jornadas veraniegas plantando su caballete entre la multitud para captar la luz exacta de la plaza.

    El primer gran almacén: Mucho antes de que existieran los centros comerciales actuales, uno de los edificios de la plaza albergó un bazar que fue pionero en vender todo tipo de objetos a precios fijos, sentando las bases de la forma en que compramos hoy en día.

    La medida de la altitud: Existe una marca técnica que indica la elevación exacta de la plaza. Para calcularla, se tomó como referencia el nivel medio del mar de una ciudad costera del Mediterráneo, convirtiendo a la plaza en un punto de referencia geográfico.

    El «iglú» de cristal: La entrada principal a los trenes subterráneos tiene una forma curva muy llamativa que rompe con la arquitectura clásica de los alrededores. Debido a su aspecto circular y transparente, los ciudadanos empezaron a llamarla cariñosamente como esa vivienda de hielo típica de zonas frías.

    Paraguas con solera: Todavía resiste un comercio muy antiguo y tradicional que se especializa en la venta de abanicos y paraguas. Es uno de los pocos negocios que ha logrado conservar el encanto de los siglos pasados frente al avance de las grandes cadenas modernas.

    Escenario de cine de terror: Además de las películas clásicas, la plaza ha sido el lugar de rodaje de escenas muy tensas de una famosa película de terror donde los personajes buscaban una presencia maligna en pleno centro de la ciudad.

    Una apuesta en bicicleta: Hace algún tiempo, tras la inauguración de unas fuentes, un hombre anónimo decidió dar una cantidad asombrosa de vueltas a la plaza en su bicicleta simplemente por el hecho de haber ganado una apuesta.

    Un suceso trágico: En una de las esquinas que dan a la plaza ocurrió un hecho que cambió la historia política del país, cuando un importante jefe de gobierno fue atacado mientras se encontraba frente al escaparate de una librería.

    La Puerta del Sol es como una cebolla con muchas capas; aunque quitemos los edificios que ya no están, cada rincón guarda el eco de un vendedor, un artista o un suceso que ha ido dando forma a lo que hoy pisamos.

  • Parque de El Retiro

    Parque de El Retiro

    El Parque del Retiro no es simplemente un pulmón verde; es un baúl de recuerdos donde cada sendero esconde una historia de reyes, una superstición popular o un capricho arquitectónico. Lo que hoy vemos como un espacio de descanso nació de la necesidad de los monarcas de alejarse del ruido del Alcázar, buscando un refugio espiritual y de recogimiento en un monasterio extramuros. Fue así como el concepto del «Buen Retiro» comenzó a dar forma a este rincón madrileño.

    La ambición de un palacio construido con prisas

    La historia del parque cambió radicalmente gracias a la ambición del Conde-Duque de Olivares. En su afán por agradar al rey Felipe IV, impulsó la creación de un complejo palaciego y unos jardines que rivalizaran con las mejores cortes europeas. Sin embargo, la urgencia fue tal que las obras se hicieron sin un plan maestro definido, añadiendo edificios y estancias sobre la marcha. Esto provocó que el palacio original careciera de una estructura uniforme y se utilizara ladrillo en lugar de materiales más nobles, como el granito.

    Esta rapidez y la afición del Conde-Duque por las aves exóticas dieron lugar a uno de los apodos más curiosos de la época. El pueblo de Madrid, con su habitual ironía, llamaba al flamante palacio «el gallinero», burlándose de las enormes pajareras que se instalaron para deleite del monarca.

    Batallas navales y un lago con historia

    El Estanque Grande es hoy un lugar para pasear en barca, pero en el pasado fue escenario de auténticos espectáculos bélicos. Se celebraban allí las llamadas naumaquias, que eran simulacros de batallas navales con galeras reales y barcos de recreo que dejaban maravillada a la corte. Incluso se llegó a crear un canal navegable, el Río Grande, para conectar el estanque con otras zonas del recinto y facilitar estos juegos acuáticos.

    El misterio del Ángel Caído: ¿Un homenaje al diablo?

    Si hay una escultura que levanta pasiones y rumores en el Retiro, es la Fuente del Ángel Caído. Basada en los versos de John Milton sobre la caída de Lucifer, la obra de Ricardo Bellver captura un instante de dolor profundo, soberbia y desesperación. Durante décadas ha circulado la leyenda de que es el único monumento al diablo en el mundo, un mito que los historiadores desmienten al señalar estatuas similares en lugares como Turín o La Habana.

    Lo que pocos saben es que el autor, un hombre profundamente religioso, no pretendía rendir homenaje al mal, sino retratar su fracaso y el calvario que traen consigo la envidia y el odio. Años después de la Guerra Civil, la estatua estuvo a punto de ser retirada; algunos sectores la veían como un símbolo de rebelión intolerable, y se propuso sustituirla por un monumento a Isabel la Católica, aunque afortunadamente la recomendación no fue escuchada.

    El Palacio de Cristal: El invernadero que quiso ser museo

    El Palacio de Cristal es, sin duda, la joya más romántica del parque. Fue levantado en un tiempo récord de menos de cinco meses para una gran exposición dedicada a las islas Filipinas a finales del siglo diecinueve. Su estructura de hierro y vidrio fue concebida originalmente como una «estufa» o invernadero gigante para albergar plantas exóticas que nunca antes se habían visto en la península. Curiosamente, su planta imita la cabecera de una iglesia gótica, lo que le da esa atmósfera casi sagrada cuando el sol atraviesa sus cristales.

    Caprichos, fieras y árboles centenarios

    Pasear por el Retiro es encontrarse con los llamados «caprichos», construcciones pequeñas que recreaban mundos de fantasía para la familia real. Entre ellos destaca la Montaña Artificial, también conocida como la Montaña de los Gatos por las figuras de felinos que la adornan, o la Casita del Pescador, rodeada por su propio foso.

    Uno de los secretos mejor guardados es que la actual biblioteca del parque fue en su día una jaula de leones. Formaba parte de la Casa de Fieras, el antiguo zoológico de Madrid donde los ciudadanos podían ver animales salvajes antes de que fueran trasladados a su ubicación actual.

    Incluso la naturaleza en el Retiro tiene su propia cronología de leyendas. En el Jardín del Parterre se alza un ahuehuete que muchos consideran el habitante más anciano de la ciudad. Se dice que fue plantado hace cientos de años, durante la creación del Real Sitio, y que sus ramas han sido testigos mudos de cómo Madrid pasó de ser una pequeña villa a una metrópoli moderna.

    Hoy, este parque es reconocido como Patrimonio de la Humanidad, formando parte del Paisaje de la Luz. Sus avenidas no solo ofrecen sombra, sino que invitan a caminar sobre las huellas de monjes, artistas y reyes, recordándonos que siempre hay un espacio reservado para el buen retiro.

    Imagina el Retiro como un teatro al aire libre: las estatuas son sus actores, los palacios su escenografía y cada árbol es un espectador veterano que ha visto pasar la historia de España ante sus ojos.

  • Cementerio de la Almudena

    Cementerio de la Almudena

    El Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena: Crónica de la Necrópolis más Grande de Europa Occidental

    Introducción: Dimensiones y Nomenclatura

    El Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, conocido antiguamente como el Cementerio del Este, es la principal necrópolis de la ciudad de Madrid, ubicado en el barrio de Ventas, en el distrito de Ciudad Lineal. Este cementerio es notable no solo por su historia, sino por su vasta extensión de 120 hectáreas, lo que lo convierte en el cementerio más grande de Europa Occidental. En 2021 fue incluido en la lista de Cementerios singulares de la Comunidad de Madrid.

    Su nombre rinde homenaje a la Virgen de la Almudena, la patrona de la ciudad. Se estima que el número de personas inhumadas a lo largo de su historia (aproximadamente cinco millones) supera la cifra de los habitantes actuales de la ciudad.

    Nivel Histórico: De las Restricciones Reales a la Epidemia del Cólera

    La historia de los cementerios extramuros de Madrid se remonta al reinado de Carlos III, quien ya intentó trasladar los camposantos fuera de las ciudades, aunque esta iniciativa encontró resistencia por parte de la Iglesia católica. A comienzos del siglo XIX, durante el reinado de José Bonaparte, se comenzaron a construir los primeros cementerios fuera de las murallas. La legislación sobre su ubicación se fue consolidando, estableciendo que los camposantos debían situarse lejos del núcleo urbano.

    Un hito crucial ocurrió en 1868 cuando una ley municipal estableció que los ayuntamientos debían encargarse de la administración y conservación de los cementerios. Esto llevó a la creación de una comisión en 1876 encargada de construir la «Necrópolis del Este». Los arquitectos Fernando Arbós y Tremanti y José Urioste y Velada ganaron el concurso de construcción. El proyecto inicial fue diseñado para aprovechar la topografía del terreno, una loma con el punto más alto a 695 metros, buscando reducir costos y garantizar una buena circulación de aire por motivos higiénicos. Influenciado por los cementerios de Génova y Viena, el diseño se dividió en cinco bancales, descendiendo cinco metros cada uno.

    El Cementerio de La Almudena, tal como lo conocemos, surgió en 1884 como un camposanto provisional. Debido a una epidemia de cólera en Madrid en 1884 y 1885, se decidió habilitar un cementerio de «epidemias» que comenzó a operar el 15 de junio de 1884, momento en el que se le dio el nombre de Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. Este cementerio provisional se unió a la Necrópolis del Este, que entonces estaba en construcción. Desde 1884 hasta la construcción del Cementerio Sur en Carabanchel, La Almudena fue el único cementerio de la capital para la mayoría de la población, exceptuando algunas sacramentales de cofradías religiosas.

    En 1905, el arquitecto municipal Francisco García Nava asumió la dirección de las obras. García Nava reemplazó el proyecto neobizantino original de Arbós y Urioste por una solución modernista, que incorporaba influencias secesionistas y gaudianas, y elementos simbolistas y exóticos. La necrópolis se inauguró oficialmente en 1925.

    Descripción Arquitectónica y Curiosidades

    El cementerio actual se compone de tres áreas: la necrópolis (el proyecto original), el cementerio primitivo (el provisional de 1884), y la ampliación de 1955.

    El pórtico de entrada principal, situado en el vértice noroeste, es de estilo modernista con influencia neomudéjar, utilizando el ladrillo, granito en el basamento y piedra caliza para las columnas. Presenta tres arcos centrales flanqueados por columnas dobles que culminan en altos pináculos y sendas cúpulas. Una de las curiosidades visuales es la representación de la figura de Dios Padre ubicada sobre el arco central. La necrópolis fue diseñada originalmente con una forma basilical de cruz griega. La zona central, un círculo de 75 metros de diámetro, utiliza la elevación natural del terreno como si fuera la cúpula de una basílica.

    El cementerio alberga un vasto patrimonio artístico, con numerosos panteones, sepulturas, capillas y monumentos que datan de finales del siglo XIX. Se pueden apreciar muestras escultóricas y arquitectónicas en diversos estilos, incluyendo neogótico, neorrománico, eclecticismo, modernismo y neoclasicismo. Destacan panteones con detalles curiosos, como el de los vizcondes de Llanteno, que exhibe influencias mesopotámicas y egipcias, o el sepulcro del poeta Manuel José Quintana, de recargada decoración.

    En cuanto a las prácticas funerarias modernas, el Crematorio del Cementerio de La Almudena fue el primero en España, inaugurado en 1973. Curiosamente, al principio, la mayoría de los usuarios eran extranjeros fallecidos en Madrid. Si bien en 1981 solo el 1,5 % de los fallecidos en Madrid eran incinerados, esta tendencia ha cambiado radicalmente: en 2019, las incineraciones ya alcanzaban el 70 % del total de servicios.

    Sucesos Llamativos y Nivel Histórico: La Tragedia y la Represión

    El Cementerio de La Almudena fue un escenario clave durante y después de la Guerra Civil Española, albergando una historia de violencia y represión.

    • Fusilamientos de la Guerra Civil: Durante la contienda, el entonces Cementerio del Este fue lugar de fusilamientos, tanto militares como civiles, condenados por tribunales populares de la República o ejecutados sin juicio por fuerzas republicanas. Entre las víctimas se encuentra el militar Joaquín Milans del Bosch.

    • La Represión Franquista: Un suceso histórico especialmente llamativo y trágico ocurrió tras el fin de la guerra. Entre 1939 y 1945, más de 2500 personas condenadas a muerte por la jurisdicción militar franquista (mediante consejos de guerra sumarísimos) fueron fusiladas en las tapias del cementerio. Sus nombres se encuentran inscritos en el registro de enterramientos.

    • Las Trece Rosas: Dentro de estas ejecuciones se destaca el caso de Las Trece Rosas, el nombre colectivo dado a trece muchachas fusiladas poco después de la finalización de la Guerra Civil Española. Actualmente existe un monumento conmemorativo a ellas.

    En el siglo XXI, se colocaron placas con los nombres de los republicanos represaliados, aunque fueron retiradas poco después por dudas sobre si cumplían con la Ley de Memoria Histórica.

    Residentes Ilustres y Apariciones Cinematográficas

    La Almudena es el lugar de descanso final de una inmensa cantidad de figuras notables de la historia, la cultura, la política y el arte español. Entre las sepulturas de personas relevantes se encuentran:

    • Líderes Políticos y Escritores: Niceto Alcalá-Zamora (presidente de la Segunda República Española), José Calvo Sotelo, Enrique Tierno Galván (alcalde de Madrid), Benito Pérez GaldósPío Baroja, y el Premio Nobel de Literatura Vicente Aleixandre.

    • Científico y Celebridades: El Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal, el futbolista y presidente honorario del Real Madrid Alfredo Di Stéfano, y las figuras del espectáculo Lola Flores y su hijo Antonio Flores.

    • Personajes Curiosos: Juanita Cruz, la primera mujer torera, y Fermina Oliva y Ocaña, la superviviente española del Titanic.

    Finalmente, otra de las cosas curiosas que añade un elemento cultural al cementerio es su uso como localización cinematográfica. El cementerio ha sido el telón de fondo de un sinfín de producciones españolas, incluyendo numerosas obras de Pedro Almodóvar, como Tacones lejanosKikaCarne trémula y Julieta. También fue utilizado para películas clásicas como El cochecito y Navajeros, así como la película Las 13 rosas.