Autor: Mario

  • ¿Por qué las tabernas antiguas de Madrid tienen la fachada roja?

    ¿Por qué las tabernas antiguas de Madrid tienen la fachada roja?

    Si alguna vez has paseado por las calles del centro de Madrid, seguro que te has encontrado con tabernas y bodegas con fachadas pintadas de rojo intenso que parecen sacadas de una postal castiza.

    Esta imagen tan característica del Madrid tradicional no es casualidad ni simple decoración: tiene un origen histórico, práctico y simbólico que está ligado a la cultura urbana de la ciudad desde hace siglos.

    En este artículo vamos a explorar:

    • El origen de esta tradición
    • Lo que significaba el color rojo
    • Dónde puedes ver ejemplos clásicos en Madrid
    • Curiosidades que pocos turistas conocen
    • Y por qué este detalle forma parte del carácter madrileño

    Historia de las tabernas en Madrid

    Antes de entrar en el significado del color rojo, es importante comprender qué era una taberna en el Madrid antiguo.

    Una taberna no era simplemente un bar o lugar donde beber. Desde el siglo XVI hasta bien entrado el XIX, las tabernas eran:

    • Puntos de encuentro social.
    • Lugares donde se vendían vinos a granel.
    • Espacios donde trabajadores, caminantes y vecinos se reunían a comer, beber, charlar e intercambiar noticias.

    En una ciudad en expansión como Madrid, las tabernas se multiplicaron conforme crecían los barrios, y con ellas surgió la necesidad de identificarlas claramente en un contexto urbano donde no existían señales luminosas ni publicidad moderna.

    El color rojo: señal visual y práctica

    🟥 El rojo como señal de venta de vino

    En épocas en las que el analfabetismo era común, los colores y símbolos servían como lenguaje visual accesible para todos.

    El rojo se convirtió en un código reconocible que indicaba a los transeúntes: 👉 Aquí se vende vino.

    Esta señalización no oficial actuaba como primer reclamo visual, de manera similar a cómo hoy percibimos el color rojo en carteles de restaurantes o tabernas tradicionales.

    🎨 Pigmentos baratos y duraderos

    El rojo utilizado en las fachadas de las tabernas no era un rojo sofisticado, sino uno obtenido de pigmentos sencillos y resistentes:

    • Almagre: un pigmento natural de tono rojo oscuro, fácil de conseguir
    • Óxido de hierro: aportaba durabilidad y resistencia a la intemperie
    • Minio: rojo anaranjado que servía también como protector

    Estos pigmentos eran económicos y aguantaban bien la lluvia, el sol y la suciedad urbana, algo fundamental en una ciudad en constante movimiento.

    🧱 Función práctica: disimular el desgaste

    Las tabernas eran lugares de intenso trasiego: barriles que entran y salen, gente con ropa sucia, caballerías, carros de carga… Todo ello dejaba marcas visibles en las fachadas.

    El rojo tenía la enorme ventaja de disimular manchas de:

    • Vino derramado
    • Humo y hollín
    • Polvo y barro

    Por eso muchos propietarios optaron por un color que, además de identificativo, era fácil de mantener y limpiar.

    ¿Por qué se consolidó en Madrid?

    El rojo no solo fue útil; se convirtió en una seña de identidad del carácter castizo madrileño:

    • Asociado a lo popular y cercano
    • Presente en los barrios más antiguos
    • Sinónimo de tradición y vida social

    Con el tiempo, esa estética se transmitió de taberna en taberna, hasta convertirse en un rasgo casi icónico del paisaje urbano de Madrid.

    Ejemplos clásicos de tabernas en Madrid con fachada roja

    Aunque muchas edificaciones han cambiado con el tiempo, aún se conservan tabernas y bodegas tradicionales con ese rojo intenso tan característico. Algunos ejemplos que puedes visitar si recorres el centro de Madrid son:

    Estos lugares no solo son paradas imprescindibles para amantes de la gastronomía, sino también testigos vivos del patrimonio popular de Madrid.

    Curiosidades que probablemente no sabías

    🔸 El rojo se utilizaba también en estandartes y señales de hostelería en otras ciudades europeas, aunque nunca alcanzó la fuerza simbólica que tuvo en Madrid.

    🔸 En ocasiones, las fachadas combinaban rojo con otros colores oscuros o dorados para crear un efecto más elegante y visible desde la calle.

    🔸 El rojo de las tabernas aparece en la literatura española clásica como símbolo de lugares de reunión social y bullicio popular.

    Un color que cuenta historias

    La próxima vez que pasees por las calles del Madrid de los Austrias, La Latina o el Barrio de las Letras y veas una fachada roja con letras doradas, recuerda que no se trata solo de estética.

    Ese rojo es:
    ✅ Una señal visual de venta de vino.
    ✅ Una solución práctica ante el uso intensivo del local.
    ✅ Un símbolo de tradición castiza.
    ✅ Una parte viva de la historia urbana madrileña.

    Madrid no solo se vive con los ojos: se descubre en los colores, las esquinas y las historias que sus paredes cuentan.

  • Audioguía de la Plaza Mayor de Madrid – El corazón de Madrid: secretos, cenizas y leyendas

    Audioguía de la Plaza Mayor de Madrid – El corazón de Madrid: secretos, cenizas y leyendas

    Si las piedras hablaran, las de la Plaza Mayor de Madrid no susurrarían; gritarían. Han sido testigos de coronaciones reales, beatificaciones santas, corridas de toros sangrientas, juicios de la Inquisición y ejecuciones capitales. Lo que hoy es el lugar perfecto para comerse un bocadillo de calamares, fue durante siglos el gran escenario del Imperio Español.

    Si vas a visitar Madrid, no basta con hacerse la foto. Tienes que saber qué pisas. Aquí tienes la guía histórica definitiva y las curiosidades que la mayoría de los turistas pasan por alto.

    De arrabal a centro del mundo: el origen

    Aunque hoy parezca planificada al milímetro, sus inicios fueron caóticos. En el siglo XVI, esto no era «Madrid centro», sino las afueras. Este lugar estaba fuera de las murallas medievales y era conocido como la Plaza del Arrabal. Originalmente, el terreno era la explanada que dejó la Laguna de Luján al secarse. Allí se instaló un mercado desordenado donde los comerciantes vendían pan, carne y verduras para evitar los impuestos de entrada a la ciudad.

    Fue el rey Felipe II quien, al trasladar la Corte a Madrid en 1561, decidió que una capital digna necesitaba una plaza mayor digna. Encargó el proyecto a su arquitecto favorito, Juan de Herrera (el genio detrás del Monasterio de El Escorial), para poner orden en aquel caos. Sin embargo, Herrera solo pudo iniciar el proyecto; sería su sucesor, Juan Gómez de Mora, quien le daría forma finalizándola tal y como se concibió originalmente en 1619.

    El fénix de Madrid: tres incendios y una resurrección

    La Plaza Mayor que ves hoy no es la original del siglo XVII. De hecho, la plaza ha «muerto» y renacido tres veces debido a incendios devastadores:

    • 1631: El primer gran fuego que destrozó el lado sur de la plaza.
    • 1672: El segundo, que obligó a reconstruir gran parte. El fuego consumió por completo la Casa de la Panadería.
    • 1790: El incendio más catastrófico. Duró tres días y arrasó un tercio de la plaza.

    Aquí entra en escena un personaje clave: Juan de Villanueva. Tras el incendio de 1790, este arquitecto neoclásico tomó una decisión radical que cambió la estética del lugar para siempre:

    1. Cerró las esquinas: Antes la plaza estaba abierta; Villanueva la convirtió en un recinto cerrado con arcos de acceso (como el famoso Arco de Cuchilleros), dándole ese aire de «gran salón urbano».
    2. Bajó la altura: Los edificios originales tenían cinco plantas. Villanueva los redujo a tres para evitar futuros incendios masivos y mejorar la luz.

    La estatua que guarda un cementerio (Felipe III)

    En el centro exacto verás que se alza la estatua ecuestre de Felipe III. Es una obra maestra de 1616, iniciada por Giambologna y terminada por Pietro Tacca. Aunque ahora parece su sitio natural, ¿sabías que no siempre estuvo ahí?

    Hasta mediados del siglo XIX, la estatua estaba en la Casa de Campo. Fue la reina Isabel II quien ordenó trasladarla a la plaza en 1848.

    El dato curioso: Durante siglos, la estatua tuvo un defecto de diseño macabro. La boca del caballo estaba abierta. Los gorriones de Madrid entraban por la boca buscando refugio, resbalaban por el cuello hueco del bronce y caían al estómago del caballo, de donde no podían salir.

    Cuando se proclamó la Segunda República en 1931, alguien puso un petardo en la boca del caballo. Al explotar, la panza se abrió y cayeron cientos de huesecillos de pájaros acumulados durante décadas. Al restaurarla, sellaron la boca.

    Sangre y espectáculo: la Plaza como escenario

    La Plaza Mayor ha visto de todo. Los balcones que ves ahora no eran solo ventanas de casas; se alquilaban a precios de oro como palcos VIP para ver los espectáculos.

    La Inquisición y los Autos de Fe

    Aquí se celebraban los juicios públicos de la Santa Inquisición. El más famoso fue el gran Auto de Fe de 1680, presidido por el rey Carlos II «El Hechizado». Imagina el silencio sepulcral de miles de personas mientras se leían las sentencias de los herejes durante todo el día.

    Auto de fe celebrado en la plaza Mayor en 1680 en presencia de Carlos II. Óleo de Francisco Rizi conservado en el Museo del Prado.

    Ejecuciones

    Dependiendo de tu clase social, tu final era distinto. Los nobles eran degollados frente a la Casa de la Panadería, mientras que a los plebeyos se les aplicaba el garrote vil o la horca en otros puntos de la plaza,.

    La Soberbia de Don Rodrigo Calderón

    En 1621, la plaza vivió la ejecución más famosa de su historia: la de Don Rodrigo Calderón, marqués de Siete Iglesias. Era un hombre poderoso que cayó en desgracia. Cuenta la leyenda que subió al cadalso con tanta elegancia, valentía y altivez que el pueblo, que lo odiaba, enmudeció de respeto. De ahí nació el dicho popular español: «Tienes más orgullo que Don Rodrigo en la horca».

    Corridas de Toros

    El ruedo era rectangular y se cerraba con tendidos de madera. El primer toro que fue arrastrado por mulas en la historia de la lidia ocurrió aquí en 1623.

    Arquitectura que cuenta historias

    La Casa de la Panadería

    Es el edificio más importante, el de los frescos en la fachada y las dos torres (en el lado norte). Se llama así porque originalmente aquí se fijaba el precio del pan para toda la ciudad (de ahí su nombre) y servía como tahona pública. Sus torres laterales con chapiteles de pizarra están inspiradas en el estilo de los Países Bajos de la época. Ojo al detalle: Los frescos actuales de su fachada no son antiguos; los pintó el artista Carlos Franco en 1992. Representan figuras mitológicas relacionadas con la historia de Madrid, como la diosa Cibeles en sus bodas con Acuático. ¡Búscala!

    Justo en frente, en el lado sur, encontrarás la Casa de la Carnicería, que hoy guarda una estética homogénea con el resto de la plaza y cumplía la función de suministrar carne a la villa.

    Casa de la Carniceria at Plaza Mayor (square) in Madrid (Spain). Built in the late 16th century.

    El Arco de Cuchilleros y el Bandido Luis Candelas

    De los diez accesos de la plaza, el Arco de Cuchilleros es la salida más famosa. Se llama así porque allí estaban los talleres de los cuchilleros que suministraban a los carniceros de la plaza. Lo impresionante es el desnivel. Si bajas las escaleras, verás unos muros enormes que actúan de contrafuerte para sostener la plaza. Justo ahí abajo operaba Luis Candelas, el bandido más famoso del Madrid del siglo XIX. Se decía que era un ladrón «gentilhombre» que robaba a los ricos sin usar la violencia y que tenía su escondite y sus juergas en las tabernas bajo este arco.

    Las farolas: un libro de historia

    No pases por alto las farolas. Son de diseño fernandino, pero fíjate en su base. Tienen relieves de bronce que narran, a modo de cómic, los eventos que te acabo de contar: las corridas de toros, los incendios y las ejecuciones. Es la historia de la plaza contada por su propia iluminación.

    Guía Rápida para tu Visita

    • La Foto: Busca el Arco de Cuchilleros desde abajo hacia arriba para captar la magnitud de los muros.
    • El Sabor: Es obligatorio comerse un bocadillo de calamares en los bares de los alrededores (como La Campana o Casa Rúa). Es una tradición que se consolidó en los años 70. Es grasa, es frito, es Madrid.
    • El Momento: Quédate hasta el atardecer, o vuelve en ese momento. Justo cuando la luz se vuelve dorada sobre el granito rojo de Ávila (llamado «piedra sangrante» por su color) y se encienden las farolas. La atmósfera cambia por completo y te transportará directamente al Siglo de Oro.
    • Coleccionismo: Si tu visita coincide con un domingo o festivo por la mañana, disfrutarás del mercado de filatelia y numismática.
    • Navidad: Si vienes en diciembre, encontrarás el mercado navideño más antiguo de la ciudad, una tradición vigente desde 1860

    La Plaza Mayor es como un gran libro de historia abierto en medio de la ciudad; cada vez que caminas sobre sus adoquines, estás pasando una página escrita con cenizas de incendios, vítores de fiestas y el eco de leyendas centenarias.